La muerte no suele ser un tema muy tratado en los espacios de turismo y cultura, ya que parece un tópico un poco escabroso, sin embargo, dentro de los cementerios podemos encontrar una gran variedad de manifestaciones artísticas que son dignas de compartir. En este artículo les hablaré un poco sobre algunos epitafios del siglo XIX que muestran todo el amor que se tenía por sus seres queridos, adornado con poesía, literatura y un gran sentido de la sensibilidad. ¡Esperamos que les guste!
En la población de Coahuayutla, Guerrero, se encuentran algunas tumbas en pie que datan del siglo XIX. Algunas de ellas cuentan con versos que los dolientes dedicaron a sus difuntos. Otras, sin más información, son imponentes monumentos que nos hablan sobre la arquitectura funeraria de México. En muchas ocasiones no se necesitaba que el difunto fuese algún potentado nacional o extranjero para que se pudiera erigir una tumba de tales dimensiones, ya lo hemos visto con la tumba de James Henry Petherick en La Unión, Guerrero (véase la publicación del 12 de abril de 2022), donde los vecinos mandaron construir el fúnebre recinto en memoria de aquel inglés que decidió vivir y morir entre ellos. A continuación dos extractos de las tumbas.

Extracto del epitafio de la tumba del joven José Transito Flores, 17 de febrero de 1892:
Árbol tierno cual renuevo,
cargado de blanca flor,
que prometía mucho fruto
y que tronaba el Aquilón.
Estos versos nos muestran el duelo ante la pérdida de un joven de tan solo 23 años de edad, representado como el árbol que debía dar más frutos (hijos), quien lamentablemente a tan corta edad se encontró en el camino con la muerte, figurada como el Aquilón, el viento fuerte, frío, tempestuoso de la mitología romana.

Sin información sobre la difunta. Falleció el día 24 de diciembre de 1891 a los 44 años de edad:
Amor de madre:
Es más puro que la brisa,
más hermoso que la aurora,
si sufre el hijo, ella llora,
y si goza, la sonrisa
en su labio juguetea.
Estos versos nos muestran que, a pesar de haber sido una población muy pequeña y alejada de los grandes centros culturales del país, se encontraban en ella personas a quienes la literatura cautivó y dejaron huella de su pasión en las tumbas de sus seres queridos. Esto se debía en gran parte a los comerciantes, quienes no solamente traían con ellos mercancías como artesanías, telas, ropas o comestibles, sino también libros de historia y literatura.

Como dato curioso, en su Historia de la guerra de intervención en Michoacán, Eduardo Ruiz mencionó que la zona del actual municipio de Coahuayutla fue la cuna, en los siglos XVIII y XIX, de la familia Izazaga, cuyo miembro más destacado fue el militar y hacendado José María Izazaga, quien participó en la Independencia al lado del generalísimo José María Morelos y Pavón (quien estuvo en Coahuayutla) y participó junto con él en la Suprema Junta Nacional Americana, o Junta de Zitácuaro.
De esta zona, especialmente de Colmeneros, provenía la familia Valdovinos, a la cual pertenecía la esposa del general José María Arteaga Magallanes. Los descendientes de la familia Valdovinos e Izazaga viven hoy en día en zonas de Guerrero y Michoacán, en las poblaciones de Coahuayutla, Colmeneros, La Unión, Zihuatanejo, Zorcua, Petacalco, El Naranjito, Zacatula y el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán.
Descansen en paz.
