ROMA – Un tatuaje audiovisual | ZINE Juglares

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El cine es un malabarista sobre una cuerda floja llamada realidad. – José Izguerra

El día de hoy toca turno a la multicitada ROMA de Alfonso Cuarón. Esta película la esperaba con mucho anhelo, desde que supe que se estaba rodando en la ciudad que es mi hogar y por la ilusión de ver un filme más del cineasta mexicano. 

El largometraje comenzó a tener excelentes críticas en los lugares donde se exhibía y manteniéndome al margen de las opiniones para verla sin esos prejuicios, moría por verla. En algún momento recibí la buena noticia de que ROMA se proyectaría en un cine local de mi natal Zamora. Pero, por una y mil cosas, no pude asistir a verla en la gran pantalla.

Así pues, vi ROMA por primera vez en Netflix. Un ambiente genial: en casa, con mi familia reunida en la sala y el sonido estéreo adecuado para realzar la obra audiovisual. Desde el primer plano, el metraje tenía toda mi atención. Cuando la postura de cámara nos deja ver a Cleo (Yalitza Aparicio), me enamoró la forma de presentarnos al personaje. La vimos a ella, su labor en la casa, su actitud amable con el perro y una genuina forma de ser; todo acariciado por la toma en paneo. 

Desde Güeros, ninguna película mexicana había captado tanto mi asombro. Curiosamente ambas en blanco y negro. Es de destacar que el uso de grises es exquisito. Cuando México fue líder en el cine mundial, gracias a que las potencias cinematográficas estaban en plena guerra, el manejo de la iluminación era fabuloso. Ahora con mejores cámaras y mejor uso de la luz, se obtienen resultados como el de esta película. 

Pero dejando de lado su magnífico lenguaje cinematográfico, se trata de una película que no ahonda en su personaje central desde el personaje mismo. Es más una administración dosificada de excelsa técnica audiovisual que presenta una historia desde la perspectiva del favorecido. 

Niños jugando bajo la lluvia

En cuanto a la premisa fundamental, reivindicar la labor de la empleada doméstica, se volvió una roca más en el muro de la incomprensión burguesa y autodenominada heroica. Se encumbra Cuarón como “el que centra su atención en donde otros no la centran”, o “el que le da importancia al de abajo, al desposeído”. Cuando en realidad, revela una enorme falta de empatía con la empleada doméstica, con sus necesidades y su esencia interior; que nunca se revelan en la película. 

Personalmente, me parece fundamental para la historia del filme, la existencia constante de las dualidades de la vida. Dolor y amor. Muerte y nacimiento. Asombro y lo inadvertido. El dueño de la casa y sus “chachas”. El que trabaja y el que se divierte. Jugar con las luces y apagarla para no incrementar el pago. La felicidad de una boda y la tristeza de afrontar una familia sin padre. Temor por la vida y temor por el yugo del patrón. 

Cleo internándose en el mar

Lo mexicano: lo veo representado en sonidos. El afilador callejero, el carrito del camote, el organillero, la banda que ensaya, el tráfico de la calzada México-Tacuba, los vendedores informales, entre otros. 

Carrera en la acera con dirección a la tortería

Por otro lado, la dirección es indiscutiblemente uno de los puntos más fuertes. Se ve la mano de Cuarón en la fotografía; en los planos; en la elección de ciertos detalles; en la dirección de los actores, por ejemplo, esperaba poco de Latin Lover como actor y su participación se inserta correctamente en la película. Por su parte, los niños juegan su rol. 

En conclusión, la considero un tatuaje audiovisual por dos razones. Primero, lo que más me gustó de la película, la narración global. Narra con la imagen, con la actuación dramática, con el sonido; no sólo con el diálogo, que es escaso. Se queda en el espectador amante o visitante ocasional del cine por ser un trabajo técnico experto. 

Segundo: porque como muchos tatuajes, la emoción de hacértelo en la piel, de llevar un símbolo contigo o simplemente el atractivo que representa una imagen, termina por convertirse en la necesidad de quitártelo. Así este rodaje, podría convertirse en un pequeño manual del manejo de la luz o la fotografía y al mismo tiempo, dan ganas de no haber visto la pobre insinuación de protesta social. 

LO SUBJETIVO: La película la vi en familia, lloré en la escena de playa con todos abrazándose y me llena de orgullo mi país y su representación mundial por medio de este arte. 

EL LADO OSCURO: Enumeraría dos. Uno, la reivindicación del sometido por el que somete. Es una de las tantas tácticas de la burguesía y el poder para sacudirse la culpa o autojustificarse. En México lo hemos vivido muchas veces; la clásica exaltación de los indígenas en el porfiriato, para vender las raíces mexicanas a los europeos, a la vez que les mantenían al margen. El cine es reflejo de nuestro contexto y actualidad, no podía escapar esta obra del séptimo arte. 

Dos, la situación mexicana. La pretérita, con un PRI deshumanizado, golpeador y autoritario; el Halconazo representado a la par del shock del Cleo en la mueblería donde se le rompe la fuente. La presente, donde una CDMX (corazón del país) ya no mantiene su habitabilidad y sí los grandes contrastes. La constante excusa de no ser racista y el menosprecio velado o normalizado de tratar al morenito como menor, feo, alguien que se tiene que superar o que no logra más porque no quiere. Por último, la polarización de una sociedad pobre-rica sostenida por la clase media. 

Estéticamente es una dedicatoria al arte cinematográfico, por ejemplo la escena en que el doctor estaciona el coche o la presentación del personaje y el espacio. Pero en la real intención de darle voz a Cleo (como arquetipo de todos los “Cleos” del México actual) nos queda a deber. 

CALIFICACIÓN: 8 estrellas 

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