Un vistazo a la historia de la introducción del café a Michoacán

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¿Quién no ha degustado una deliciosa taza de café, ya sea por la mañana, a medio día, por la tarde o en la noche, solo o acompañado? Sin duda, una bebida que desde sus orígenes, cautivó con su sabor y aroma a millones de personas alrededor del mundo. En esta ocasión nos basamos en el libro: Breve historia del café en Michoacán de la autoría de Gerardo Sánchez Díaz, un reconocido historiador michoacano.

El descubrimiento del café, según los árabes, hunde sus raíces en Etiopía (en África Oriental), en el siglo XV. La tradición cuenta que fue un pastor de ovejas quien notó un cambio radical en el comportamiento de éstas, al parecer, a partir del consumo de ciertos arbustos y frutos que, hoy sabemos, se refería al café. El pastor y unos religiosos confirmaron una conducta atípica de las ovejas, al vigilar la ingesta de dicha especie vegetal. Después se ordenó desde un monasterio, la recolecta de frutos del arbusto y se prepararon con las semillas molidas una bebida. Después de consumirla los monjes notaron cierto bienestar en su cuerpo. Quedó así, en la tradición árabe y de la región africana, la historia del origen del café, como un descubrimiento accidental. Un accidente muy delicioso, ¿no?

Ya para el siglo XVI, el café fue cultivado formalmente al ser inducido en la región árabe (en primer lugar, en Yemen), luego se propagó por Egipto, Turquía y centros mercantiles de Medio Oriente. De Turquía se llevo a Europa, donde rápido se catalogó como una bebida preferencial. El cafeto, que es como se le llama en sí a la planta de café, fue distribuido y aclimatado en diferentes partes del planeta. Mientras que entre los siglos XVII y XVIII se inauguraban las primeras cafeterías del mundo en Damasco, Estambul, París y Londres. ¿Te imaginas cómo era tomarse un café en aquella época?

El arribo del café al continente americano, según el autor de la Breve historia del café en Michoacán, se remonta al siglo XVIII. Para el caso mexicano, que en aquellos años era la Nueva España, el café fue introducido en 1790 en Córdoba, Veracruz. Al paso del tiempo, el café se fue distribuyendo paulatinamente en el territorio mexicano.

La llegada del café a Michoacán tiene un dato curioso, ya que su introducción difiere a la de otras latitudes del país. Después de la consumación de la Independencia de México, el general Mariano Michelena, militar, político y diplomático de México, realizó una visita a Medio Oriente, según a Tierra Santa, y en su retorno, obtuvo unas semillas de café en el Puerto de Moka, en Arabia. Al regresar a la entonces Valladolid (hoy Morelia), Michoacán, sembró dichos frutos en el jardín de su casa.

Consecutivamente, cuando las plantas de cafeto brotaron y crecieron, las trasladaron a una de sus propiedades localizadas en Urecho, Michoacán. Después de su exitosa aclimatación y reproducción, las plantas de café fueron repartidas a otros poblados michoacanos. Para 1840, Manuel Farías introdujo el cafeto a Uruapan, de allí se hizo otra distribución de plantas en la región.

Es así que la historia de la llegada del café a Michoacán, tiene sus orígenes con el general Michelena, quien fue partícipe de la famosa Conspiración de Valladolid en 1809. Y “para cerrar con broche de oro”, el café producido en Uruapan, de mediados del siglo XIX, se distinguía por su calidad y llegó a ser uno de los mejores de México y del mundo. Ya que en “1876, el café de Uruapan, por su calidad y buen sabor, obtuvo un premio internacional en la Exposición de Filadelfia, eso motivó a varios uruapenses a dedicarse a su cultivo”.

Sin duda, ¡una gran historia! y un motivo más, por el cual, los michoacanos debemos sentirnos agradecidos con nuestra tierra. Esperemos que nos sigas leyendo, y ¿por qué no? sugerirnos algún artículo en especifico. ¡Vive tu aventura!

Texto: Javier Zaragoza

Fotografía: extraída de la misma fuente del texto.

Fuente: Gerardo Sánchez Díaz, Breve historia del café en Michoacán, Morelia, Michoacán, Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Centro de Investigación y Desarrollo dl Estado de Michoacán, 2006.

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