K’uinchekua Kurhikuaeri Jimbani 2019. “Celebración del fuego nuevo p’urhépecha”

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Las cuatro regiones p’urhépechas de Michoacán que están representadas en los colores de nuestra bandera (Morado: Ciénega de Zacapu, Azul: región lacustre, Amarillo: Cañada de los 11 pueblos y el verde representa la región meseta), celebramos el ritual del encendido del Fuego Nuevo. Éste se inició en 1983 en las yacatas de Tzintzunzan, esta primera celebración fue encabezada por el sacerdote Agustín García y el maestro Valente soto Bravo. Su intención inicial fue la defensa de las tierras ante usurpadores pero también la revalorización de nuestra cultura e identidad como p’urhépechas.

Bandera Púrépecha.

Desde la época prehispánica nuestra cultura ha realizado diversos rituales y celebraciones en torno al fuego o Kurhi K’eri es por eso que diversos elementos antiguos permanecen en la actualidad, como son la cosmogonía, el ciclo agrícola, la importancia de los elementos naturales como el agua, la tierra el sol y el viento.

Como en otros pueblos, nuestros ancestros tenían conocimiento del calendario, que constaba de 18 meses, de 20 días cada uno y al final le agregaban 5 días de fiesta y cada mes se realizaba una ceremonia. El último día de ese ciclo anual coincidía con el 1 de Febrero, de esta forma el comienzo del nuevo periodo iniciaba al segundo día de dicho mes, cuando la constelación de Orión, conocida como el “araro” se encontraba en Terhunchekua (su cénit). Por tal motivo se ha retomado esa fecha actualmente y desde 1983 para realizar la celebración del fuego nuevo, que simboliza ideológicamente cuatro valores fundamentales como son:
áncherakuarhikua (el trabajo en nuestras vidas), El otro es Jakájkukua (cosmovisión), p’urhekukua que es (espíritu de lucha) y la Kaxúmbekua (honorabilidad y respeto) que sirven para el  fortalecimiento de la cultura  de los p’urhépechas contemporáneos.

Desde 1983 hasta la actualidad se ha realizado esta festividad entre los pueblos p’urhépechas, cambiando de sede cada año, la decisión de asignación para la siguiente sede es responsabilidad de un consejo que se ha formado con miembros de las comunidades en donde ya se ha realizado dicha fiesta, en 2018 le tocó a la comunidad de Naranja de Tapia, municipio de Zacapu, al término de sus actividades le aprobaron la solicitud a nuestro pueblo, llamado Kuanasïo, hogar de Ranas (Cuanajo).

Parroquia de Santa María de la Natividad, Cuanajo.

Para la preparación de dicha celebración se realizaron varias actividades como son: reuniones del consejo, platicas con otras comunidades, eventos culturales pero también la práctica  de diversos rituales con los símbolos de ceremonia como los son: Anatsikukua o bandera p’urhépecha , símbolo de la lucha por la autodeterminación, el Fuego, que es prendido con leña traída de los cerros, preparada previamente de forma ritual pidiendo permiso a los cuatro puntos cardinales y a Curicaueri, la Mindaskuarekua o piedra calendario que está grabada con símbolos que representan a las comunidades que ya han sido cede de la celebración, y Tsirikuareta o bastón de mando.

Estos símbolos fueron resguadados en la comunidad y se les hacía reverencia cada mes. A lo largo del año también se llevaron a cabo preparaciones espirituales y terapéuticas como temazcales y otras actividades como talleres de telar de cintura, medicina, enseñanza del idioma p’urhépecha , deportes de uarhuka, enrtre otros. De igual forma y con mucho entusiasmo la gente de Cuanajo tuvo un gran interés por investigar y aprender la historia del pueblo y las transformaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo, y el impacto que esto provocó fue el ser más conscientes de nuestra identidad, el idioma, la vestimenta y las actividades productivas en la artesanía mueblera y textil. Aspectos fundamentales en nuestra vida cotidiana y que sirvieron de motivación para la realización de la festividad del fuego nuevo.

Artesanía en muebles de Cuanajo.

El 30 de enero en la comunidad de Naranja se reunieron diversas comunidades para partir en una caminata que tendría como destino Cuanajo, pasaron por diversos sitios en los que se les brindó comida y alojamiento, lo cual es normal en la ayuda mutua entre comunidades. Cuando llegaron a Pátzcuaro se realizó una ceremonia en la Plaza principal, cuando concluyó, continuaron con el camino hacia Cuanajo en donde se les recibió con mucho cariño en la plaza adornada en su centro con una pirámide de madera que el pueblo ayudó a construir, se decoró con hojas y flores de pino del cual se emite un aroma común en las fiestas p’urhépechas, y se colocaron también banderitas de papel.

Fue sensacional el encuentro que se tuvo con diversas comunidades, donde buscamos un bien común y el respeto mutuo, el cual se manifestó en la vestimenta de cada uno, el acento distinto del idioma, en las danzas, en la música, y sus pirekuas.

Al término del evento cultural, a las 12 am, se llevó acabo por fin el encendido del fuego nuevo, albergando alrededor del sitio a personas de diferentes pueblos p’urhépechas y no p’urhépechas que con respeto y alegría formaron parte de la ceremonia y el ritual. El cual consistía en pedir permiso primero en p’urhépecha y después en español  a los cuatro puntos cardinales, la luna, las estrellas y el viento (que por cierto estaba muy frío), después se dio un pequeño discurso donde se recalcaba el propósito de la fiesta, disculpas por los errores cometidos y peticiones para el  futuro para todas las comunidades.

Parte de la ceremonia del Fuego Nuevo.
Comunidad de Cuanajo celebrando el Fuego Nuevo.

Los presentes encendimos literalmente nuestras llamas en pequeños ocotes (porque nos encontrábamos en completo silencio y sin más luz que la de la luna y las estrellas) y momentos después cantamos al unísono pirekiuas de alegría,  y la emblemática frase de ¡Juchari uinapikua! (Nuestra Lucha).

Entre bailes y una rana de cartón con fuegos pirotécnicos y alegría se dio por terminada la ceremonia de encendido de fuego, y posteriormente se anunció la cede para el siguente año 2020, esta comunidad es Capácuaro.

Encendiendo el Fuego en la comunidad.

Para los pueblos originarios es muy importante esta festividad porque requiere de conciencia histórica, revaloración de nuestro idioma, y expresión de nuestra forma de pensamiento. Es fundamental hacer conciencia de los procesos por los que hemos pasado y hemos tenido que luchar para resistir como etnia, con nuestras propias formas de elaborar nuestro futuro y ser conscientes de nuestro presente frente a nosotros y otras realidades, por lo que cual les compartimos esta fiesta, para que nos conozcan, y con respeto mutuo podamos convivir para mejorar como sociedad y que mejor que con un ambiente festivo donde todos los corazones se alegran de igual manera. 

¡¡Vive tu aventura!!

Danzas p’urhépechas.

Fotografía: César Vieyra.

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