Animecha Kejtsïtakua. San Francisco Uricho.

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México es considerado uno de los países con mayor riqueza cultural, lleno de tradiciones en cada uno de sus estados, y justo ahora nos encontramos cerca de una de las celebraciones más conocidas a nivel internacional, la Noche de Muertos. Una de las culturas que más se prepara para estas fechas es la purépecha, y entre tantas comunidades que merecen la pena conocer, esta vez nos centraremos en una poco conocida.

San Francisco Uricho, como otras comunidades, celebra la Animecha Kejtsïtakua, conocida popularmente como noche de muertos, y es que las personas ajenas a la comunidad conocen poco de esta hermosa tradición, por ello hablaremos de cómo esta comunidad se prepara para esperar a las ánimas.

Algo representativo de la comunidad que se ha venido elaborando desde hace algunas generaciones, es el arco, con una altura aproximada de 14 metros. Los últimos días de octubre los jóvenes y señores comienzan con los preparativos para la elaboración de éste. Primero se dirigen al cerro a cortar horcones de gran tamaño para que el arco sobresalga en la comunidad por su colosal altura. En el trayecto se dedican a buscar y recolectar tabardillo, planta que se utiliza para la elaboración de las figuras, pero que en los últimos años ha sido más difícil de encontrarlo.

En estos mismos días, las familias comienzan a acercar lo necesario para la elaboración del altar (fruta, velas, flor, elotes, calabaza, etc.), intentan evitar el uso de trastes o recipientes que no sean de barro, incluso para colocar las velas utilizan chilacayotes partidos. Entre las flores que se utilizan para los altares está el cempasúchil y el lirio, conocido también como flor de muertito, esto por la figura que se alcanza a distinguir en el centro.

 El día 31 de octubre acuden a algunas casas de la comunidad en las que aún se conservan los hornos de barro y durante todo el día se dedican a la preparación de pan, provocando así que llegue un exquisito aroma al olfato de los que se encuentren cerca. Cabe mencionar que este pan es diferente al conocido en las ciudades, completamente casero y pueden hacerlo en forma de muertito, caballito, pescadito, etc.

Dos días antes de terminar el mes de octubre los jóvenes y señores salen directo a la recolección de la flor de cempasúchil a comunidades vecinas que se dedican a la siembra de ésta.  Hace aproximadamente 30 o 40 años la flor era “robada” de las casas de los habitantes, algo que formaba parte de la tradición y es que las familias sembraban en sus patios un poco de flor, misma que era para su uso, es decir, para los altares y tumbas, pero también la sembraban pues sabían que los que elaboraban el arco pasarían por ella. El “robo” del cempasúchil era consensuado, claro está. Anteriormente las casas no estaban separadas por enormes bardas, sino por una cerca hecha de piedra o alambre, lo que hacía sencillo la recolección o el “robo” de flor en los hogares.

Tiempo atrás, el arco se elaboraba solamente en el atrio ya que ahí se encontraba el cementerio, sin embargo, con el tiempo se tuvo la necesidad de adecuar otro, ahora se elaboran dos arcos diferentes en tamaño y figuras.

La noche del último día de octubre se reúnen los jóvenes y señores en el atrio y cementerio para comenzar con la elaboración de los arcos, mientras tanto, otro grupo se encarga de elaborar las figuras que llevarán ambos arcos, esto desde sus casas.  Así durante la noche del 31 de octubre y la madrugada del día primero de noviembre, se dedican a la elaboración de los simbólicos arcos. Si alguno de los presentes es dominado por el sueño y termina por quedarse dormido durante el trayecto de la elaboración, despertará con la cara rayada con tizne.

Terminado el arco, aproximadamente entre las 7:00 y 8:00 am del día primero, tocan las campanas y comienzan a gritar y chiflar para avisar al resto de la población que se ha concluido la elaboración de éste y así, comiencen a acercarse para levantarlo. Los niños también se aproximan para incluirse en esta tradición. Dependiendo de la ayuda y de la altura del arco, será el tiempo en que se demorará para levantarlo y acomodarlo para que éste quede fijo.  Una vez arriba comienza el repique de las campanas durante todo el día. Según se dice en la comunidad, las campanas no deben dejar de sonar pues este sonido es lo que indicará el camino a las ánimas dirigido a su amado pueblo y a sus hogares, así evitaran perderse en el camino. Es necesario mencionar que el arco representa la puerta de entrada de las ánimas que van llegando. Este día, 1 de noviembre, se oficia una misa para las ánimas de los niños y es precisamente a ellos a quienes se espera este día.

El día 2 de Noviembre, se comienza con la celebración de la misa para los difuntos, ésta se oficia por la mañana en el panteón de la comunidad , una vez concluida comienza el repique de las campanas y algunas personas se quedan para comenzar a ofrendar a sus difuntos en el lugar, esto hasta que cae el atardecer o incluso entrada la noche, después se comienzan a retirar, sobre todo aquellas que ofrendan también a sus difuntos en el atrio de la comunidad, que como ya se dijo, anteriormente era un cementerio.

En la iglesia se elabora un altar en forma de tumba, hecho para ofrendar a las ánimas olvidadas. Las personas de la comunidad se acercan a dejar ofrenda, misma que se repartirá posteriormente a un grupo de señores que se encuentran por la tarde, rezando en la iglesia.

Durante todo el día del 2, los jóvenes y señores que se dedicaron a elaborar los arcos, recorren las casas de la comunidad al grito de “Ya llegaron los tata k’eris”, los caseros saldrán con ofrenda que se les dará como regalo o agradecimiento, quienes no hayan alcanzado a recorrer las casas irán directamente al panteón donde las personas se encontrarán ofrendando. Pero ellos no serán los únicos que pedirán ofrenda pues los niños también se habrán preparado días atrás con la elaboración de su calaverita hecha a base de calabaza o chilacayote y una vela en el centro, la expresión de su calavera será de acuerdo a lo que ellos hayan ideado. Con calavera en una mano y una bolsita en la otra, pasaran tumba por tumba pidiendo su “cooperacha”, aunque como en la mayoría de los lugares o festividades, desafortunadamente la mezcla de otras culturas comienza a hacerse presentes.

Al dar las cinco de la tarde, un grupo de jóvenes se dirige a la iglesia para bajar a San Francisco de su nicho y colocarlo en una mesa que fue preparada para él, esta mesa se cubre con todas las capas en tono café que tiene el santo patrón, además de que los encargados de la iglesia habrán elaborado y acomodado un pequeño arco para levantarlo detrás de donde estará el santo. San Francisco solo baja una vez al año de su nicho y es por eso que la gente acude con su fe para pedirle protección, el resto del año permanece en su lugar. Para que la comunidad se entere de que San Francisco se encuentra ya preparado para recibir a quien guste visitarlo, hacen tronar algunos fuegos pirotécnicos.

Los adultos llevan a sus hijos al manto de San Francisco como signo de protección, para ello eligen a alguien para que sea el padrino. Llegado el turno, el padrino y el niño se colocan debajo de las capas del santo y un grupo de señores comienza a repicar un par de campanitas y a rezar una oración, hay algunos grandes que acuden también a recibir la bendición del santo, y muchos otros se acercan solamente a observar el acto.

Al anochecer, los tata k’eris se dirigen a la iglesia con toda la ofrenda que se recolectó, tomando solo algunas cosas para ellos. Anuncian en el altavoz de la iglesia para que los niños se acerquen y así todos comienzan a correr con sus bolsas haciendo una fila enorme para recibir algo de fruta o pan; se hace presente la acción de compartir.

Al quedarse la iglesia sola, los jóvenes esperan ya el momento en el que tienen que subir a San Francisco de nuevo a su nicho, para concluir así con esta hermosa tradición.

La noche de muertos va más allá de una simple tradición, tienen un significado especial con cada uno de los preparativos, con cada acción y cada circunstancia pues, dicen algunos que, si te encuentras con una mariposa blanca en tu casa estas fechas, es porque el alma de un familiar tuyo te está acompañando. Otros cuentan algunas experiencias personales en las que, han escuchado cómo las ánimas llegan a la comunidad, algo que a muchos sorprende y a otros llena de temor.

Es así como San Francisco Uricho vive la Animecha Kejtsïtakua cada año, intentando abrazar sus tradiciones para que éstas prevalezcan por mucho más tiempo.

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