Una mirada al virreinato: Tepotzotlán, Pueblo Mágico

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Nada como romper la rutina y visitar en un solo día, alguno de los bellos e interesantes lugares cerca de la Ciudad de México. En un acto rebelde y aventurero, con toda la actitud de viajero, renunciar al auto y tomar el transporte público al cercano pueblo mágico de Tepotzotlán, Estado de México, por la salida a Querétaro.

Sábado por la mañana, zapatos cómodos y cámara en mano, llegar a la antigua estación de trenes de Buenavista. Para optimizar tiempo, conviene desayunar en Plaza Fórum, y después abordar el moderno tren sub urbano, cuyo costo es de dieciséis pesos viaje sencillo, más quince pesos de la tarjeta por persona.

El servicio es sorprendentemente cómodo y toma tan solo 30 minutos hasta la estación Cuautitlán, donde por noventa o cien pesos un taxi, es la mejor opción para llegar en unos veinte minutos al centro de Tepotzotlán. Este trayecto debiera tomar mucho menos tiempo, sin embargo, por lo accidentado de las calles y la mala vialidad de la localidad mexiquense, hacen que sea más largo; pero nada que sorprenda a un agobiado capitalino.

En una mañana nublada, las calles empedradas del centrito, con su jardín principal de tradicional quiosco, dan la impresión de que se trata de un pueblo como cualquier otro, pero no lo es, definitivamente Tepotzotlán no es cualquier pueblo. La iglesia y ex colegio jesuita de San Francisco Javier, son el atractivo estelar que lo convierten en un lugar único. El monumental complejo que en sus mejores tiempos funcionó como un importante colegio noviciado, desde 1964 es sede del Museo Nacional del Virreinato, considerado el espacio museográfico más importante del país sobre el periodo colonial.

Un aspecto de la visita, se orienta a conocer todo lo relacionado con el edificio; su historia, la fabulosa estética y las funciones de los diferentes espacios que lo conforman. Los siglos XVII y XVIII están presentes en corredores, claustros, capillas y patios del ex colegio. Casi dos siglos de presencia jesuita, quienes fieles a su tradición educativa, evangelizaron y enseñaron ciencias, artes y oficios a la población de la región. Aquellos años de esplendor y bonanza, quedaron plasmados en la iglesia dedicada a San Francisco Javier. Se dice que su preciosa fachada labrada en piedra, es solo la introducción del opulento interior. Era el siglo XVIII, y el estilo churrigueresco fue la inspiración de los magníficos retablos dorados, cargados a más no poder, de una impresionante e hipnótica decoración. Como si toda aquella suntuosidad fuera poca, el Camarín de la Virgen de Loreto, una pequeña habitación de forma octagonal, utilizada para cambiarle las vestiduras y joyas a la Virgen, es la obra más exquisita del barroco novohispano.

El contenido museográfico dedicado a la historia virreinal de México, es otro gran atractivo del lugar. El acervo conformado por esculturas, orfebrería, cerámica, documentos y maquetas, relatan este interesante y complejo periodo de dominio español. Salas que exhiben y dan fe de lo que fue la conquista hasta diversos aspectos de la sociedad, la economía, la política y el arte en la Nueva España. Mención aparte, la obra pictórica de los más importantes pintores novohispanos, Miguel Cabrera, Juan Correa y Cristóbal de Villalpando. Obviamente la religión está presente por todos lados, sin embargo, la sala dedicada a las monjas coronadas es sumamente interesante. Se trata de una amplia colección de pinturas cuyos personajes son aquellas monjas que al profesar o morir, se engalanaban con impresionantes coronas de flores, joyas y cuanto elemento sirviera de decoración.

   

Las visitas guiadas gratuitas que se ofrecen hacen muy disfrutable el recorrido, y más si se tiene la buena suerte de contar con un buen guía. Preguntar por Martha Díaz, quien es excelente por el dominio que maneja del tema, aunado al estilo ameno y relajado que le pone a su exposición.

 

A la salida del museo, la actividad sabatina del pueblo mágico incluye un animado tianguis sobre su jardín principal. Ropa típica, elotes asados, esquites, bebida de cacao, alfarería y por supuesto mercancías “made in China”, son solo algunas de las cosas que se pueden adquirir. Tras la vueltecita de rigor, seguramente con algo de hambre, el rumbo es el mercado municipal de comida. Limpio y con amplia variedad de platillos, este mercado ofrece desde las comidas corridas a las tradicionales quesadillas, de la popular pancita al infaltable pozole, pasando por los sopes, tlacoyos, pambazos y demás fritanguera. La barbacoa y el consomé, hacen de este mercado un paraíso para los amantes del borrego. “Antojitos Lucha” es de los establecimientos más frecuentados, atendido personalmente por su propietaria, quien, con un gesto de hospitalidad, invita a los clientes una de sus famosas quesadillas de sesos.

Tras el comelitón, un digestivo vendría bien, pero no perder el tiempo buscando una mezcalería porque tristemente no hay; mejor instalarse en la comodidad de alguno de los restaurantes que se encuentran en los portales. Para degustar uno o tantos mezcales como el cuerpo aguante, el restaurante Los Virreyes cuenta con una agradable terraza con vista panorámica, desde donde se puede presenciar la singular puesta del sol, el cual se oculta tras las naves industriales del cercano Cuautitlán.

Por la noche, la fachada de la iglesia de San Francisco Javier débilmente iluminada, adquiere un aspecto melancólico, y la plaza del pueblo pierde su bullicio. Es la oportunidad para dar una última vuelta y comprar en los expendios de pan que continúan abiertos, conchas de chocolate y vainilla tamaño jumbo recién horneadas. Para entonces, el tiempo habrá transcurrido sin sentir y será tiempo de regresar a la ciudad. No incurrir en un exceso de confianza y mejor tomar un taxi de sitio a la estación del tren suburbano en Cuautitlán.

En la tranquilidad del vagón nocturno, el regreso viene acompañado del cansancio por el ajetreo, pero también de la satisfacción que surge del conocer y disfrutar un lugar excepcional como Tepotzotlán. Visitar este tipo de sitios les añade un valor agregado, porque ello significa que, como mexicanos, somos los primeros en conocer y valorar el patrimonio histórico, artístico y cultural que constituyen en gran medida nuestra identidad nacional.

Para saber más sobre los atractivos y servicios que ofrece Tepotzotlán, visitar los sitios www.tepotzotlanpueblomagico.org y www.virreinato.inah.gob.mx

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