Por Los Caminos Del Sur De La Ciudad De México “Los Cantos Y Las Danzas En Un Principio” Primera Parte

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La ciudad de México tiene lugares insospechados y cuando se trata de aprovechar el tiempo libre, el que busca encuentra. Para muchos, el sur de la capital es un rumbo desconocido, lejano y complicado para llegar. Por mucho, el tradicional barrio de Coyoacán, el elegante San Ángel y el festivo Xochimilco, son su máxima referencia. Sin embargo, las delegaciones sureñas ofrecen una larga lista de sorprendentes lugares donde pasarla bien.

Dos sitios que se pueden alinear en una misma ruta son la zona arqueológica de Cuicuilco y el antiguo pueblo de Tlalpan. Si bien ambos se encuentran junto al Periférico y la Avenida de los Insurgentes; dos arterias viales muy complicadas, el metrobús es una excelente opción de transporte que da al viaje un toque de aventura. La estación Villa Olímpica se encuentra prácticamente a las puertas del parque eco arqueológico Cuicuilco; primera parada de un recorrido sorprendente, cultural y ameno.

Cuicuilco significa “lugar donde se canta y se danza”, alusión directa a su tradición de centro ceremonial, cívico y astronómico. Fue pueblo pionero entre los que poblaron la cuenca de México, por más de un milenio de existencia. Durante ese periodo se alzó como el primer centro cívico-religioso a gran escala de la región y para el año 150 a.C., era una urbe que pudo tener hasta 40,000 habitantes.

Tal y como corresponde a una gran ciudad de su tiempo, ahí se desarrolló un sofisticado urbanismo reflejado en su arquitectura. Lamentablemente a principios de nuestra era, el cercano volcán Xitle hizo erupción y la ciudad enfrentó la destrucción por lo cual, sus habitantes iniciaron un éxodo hacia tierras seguras, dando por terminado el ciclo de vida de Cuicuilco. Tras el desastre natural, sobrevive hasta nuestros días muy poco de lo que un día fue. Tan solo un pequeño conjunto de edificaciones, separadas unas de otras por la urbanística moderna. Aun así, milenarios y ruinosos, lo que queda de los edificios originales, es suficiente para valorar su importancia histórica e imaginar claramente la belleza de esa antigua ciudad señorial.

El edificio protagónico es el gran basamento circular, mejor conocido como la pirámide de Cuicuilco, construida entre el 800 y el 150 a.C., y corresponde a la estructura redonda que se divisa desde el Periférico y la Avenida de los Insurgentes. Efectivamente ya de cerca, la pirámide se manifiesta redonda, con sus 110 metros de diámetro y 25 metros de altura. La circularidad también le brinda el aspecto de un caracol o una espiral, a la cual se le adhiere una rampa-escalinata que permite subir a la cima. A través del recorrido es posible apreciar los altares de algunas de las etapas constructivas del monumento, partes del sistema hidráulico y otros vestigios que es mejor reservarse para que sean descubiertos por quienes visiten el lugar.

El museo de sitio es fundamental para interpretar Cuicuilco. Aunque pequeño, está bien organizado y muestra desde sus pulcras vitrinas, piezas encantadoras que narran aspectos importantes sobre la sociedad, la religión, y las tradiciones de la ciudad. El metate de piedra volcánica y las figurillas de personajes de la sociedad de aquel tiempo, son piezas que destacan por belleza. La pequeña escultura de Huehueteotl “Dios del Fuego”, es sumamente relevante toda vez que Cuicuilco fue uno de los primeros lugares en donde se le dio representación a esa deidad.

La zona es también una reserva ecológica, en la cual reina el malpaís; paisaje característico de ese rumbo de la Ciudad de México. Confirma su pasado volcánico la lava solidificada por doquier, convertida en rocas de donde brotan cactáceas, cuyo rey es el emblemático nopal. Además, por increíble que suene y pese a que tras los límites del parque eco arqueológico palpita la megalópolis, poblada de edificios y frenéticas vialidades, el lugar brinda una sensación de paz y tranquilidad muy reconfortantes, que cobijan la experiencia arqueológica.

Así pues, Cuicuilco es el principio, el lugar donde todo comenzó en esta cuenca sepultada en el presente por toneladas de concreto. Su antigüedad y peso histórico, le otorgan el derecho de revalorarse, ser redescubierta, compartida e incluida en los circuitos de visita imprescindibles en nuestra ciudad. La recompensa serán el conocimiento y asombro por tanta información que no imaginábamos, cuando una y otra vez pasábamos a su lado con tanta indiferencia. En fin, que así de impensados son los caminos del sur de la Ciudad de México, y que el antiguo pueblo de Tlalpan confirmará, durante la segunda parada de este recorrido… mientras tanto ¡¡Vive tu aventura!!

 

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