El Acueducto de Morelia

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¿¡Qué tal Juglares!? Esta vez les presentaré un artículo muy interesante a través de un símbolo de la ciudad de Morelia, el acueducto.

Primeramente es importante mencionar que en la Nueva España abastecer de agua a las poblaciones de españoles era un punto de primer orden y que por la grandeza del territorio no fue tarea fácil.

Para llevar el agua a las ciudades se valían de ríos o manantiales que generalmente no se encontraban cerca, por lo que fue necesaria la construcción de los acueductos.

La ciudad de Morelia, se fundó en 1541, bajo el nombre de la “Nueva ciudad de Michoacán”, sin embargo durante muchos años no se contaba con un servicio de agua, y la gente tenía que ir directamente a los manantiales que se encontraban al oriente del Valle.

Antes de que se construyera el acueducto que conocemos, hubo dos intentos por construir uno duradero, sin embargo por la fragilidad de los materiales no pudieron resistir al paso del tiempo.

El primer acueducto que tuvo la ciudad se construyó en 1549 con una estructura de madera, barro y troncos a los que les dieron forma de canoas, pero debido a los materiales no resistió mucho tiempo.

Para la construcción del segundo acueducto, el clero tomo mayor responsabilidad en la obra, pues el Obispo Manuel Escalante Colombres y Mendoza dejó al morir su herencia explícitamente para la remodelación del acueducto.

El segundo acueducto se empezó a construir a finales del siglo XVI, esta estructura ya contaba con cal y piedra lo que la hizo más funcional y duradera, y a principios del siglo XVIII, se empezó a sustituir la piedra por la cantera, sin embargo, en el año de 1784, se derrumbaron varías partes del acueducto, dejando a la ciudad nuevamente sin agua.

La situación era muy grave en Valladolid, pues además de la falta de un acueducto que les acercara el agua, hubo una sequía muy fuerte en 1785, lo que provocó que hubiera mucha gente desempleada, hambrienta y que la producción agrícola se encontrara en crisis.

Nuevamente la Iglesia tomaría cartas en el asunto, ya que el Obispo Fray Antonio de San Miguel haría frente a la necesidad de tener agua, y el 21 de octubre de 1785 emitió el edicto con el que se iniciaría la reconstrucción del acueducto.

Es de notable importancia la labor que tuvo el regidor alcalde provisional, Don Isidro Huarte, en la construcción del acueducto, ya que tuvo que negociar y solucionar muchos problemas que acarreaba la obra, que finalmente llevó a buen término.

Después de la guerra de Independencia, el desarrollo económico y social de la ciudad de Valladolid se estancó mucho, sin embargo, aún se le hicieron algunas mejoras a la obra, como el colocarle la banqueta y limpiar constantemente el conducto.

Entre 1896 y 1897 se derribaron arcos, entre 12 y 20, que iban al convento de San Diego. De este ramal aún podemos observar un pedazo de arco, especialmente desde la avenida Tata Vasco, finalmente el acueducto dejó de funcionar en 1910.

La estructura del acueducto es romana debido a lo sólido y monumental del conjunto, teniendo 253 arcos de cantera, desde donde se encontraba la primera caja de agua, suma 1,672 metros de largo, lo que lo convierte en el monumento más largo de la ciudad.

La arquería observa en su trayecto dos cajas de agua, la primera de planta cuadrada y descubierta, y la segunda octogonal y con cúpula, la medida más alta que alcanza el acueducto es de 8 metros.

El acueducto de Morelia, sin embargo cabe dentro del barroco sui generis que se dio en la mayoría de las construcciones vallisoletanas del siglo XVIII.

Las características barrocas que se ven en el acueducto son: la conjugación de un estilo dinámico que proyecta un continuo ascenso y descenso de los arcos y el efecto del claroscuro que se encuentra en el vano de los arcos y que proyecta una fuerte sombra en el vacío.

Existe una bella leyenda sobre este sitio, nos dice que los enamorados que estén por casarse, deben darse un beso en cada uno de los 253 arcos del monumento, y si el ultimo es igual de apasionado y romántico que el primero, su amor será duradero.

¡Esto es el Acueducto! Sin duda, más que un monumento, pues fue pieza fundamental para el funcionamiento y crecimiento de esta ciudad, fruto del esfuerzo de muchas personas que quisieron ver en Valladolid a una ciudad importante, y que hoy, nos recuerda que debemos seguir construyendo esa grandeza. ¡Vive tu aventura!

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