Casa Museo Lic. Felipe Rivera, un lugar histórico de Zinapécuaro

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Zinapécuaro de Figueroa es una población michoacana que está insertada en la región centro a escasos kilómetros de la ciudad de Morelia, lugar rodeado por fértiles campos y cercano a la cuenca del lago de Cuitzeo. Cuenta con varias construcciones históricas como el Teatro Hidalgo, el Templo Ex Convento de San Pedro y San Pablo, la capilla del Desierto, el acueducto, entre algunas más, pero en esta ocasión les hablaré sobre lo que fue la casona de un abogado y político distinguido de la época Porfiriana siendo ahora un museo de sumo interés.

El museo lleva por nombre de quien fuera el dueño de dicha casona, el ilustre Licenciado Felipe Rivera, quien nació el 4 de febrero de 1852 en la Villa de Zinapécuaro, siendo hijo de comerciantes. Desde corta edad el Profesor Antonio Quiroz lo adentró al mundo de las ciencias, inculcándole el gusto por la astronomía y la geografía, pero su padre intentó quitarle ese gusto que no era muy bien visto en las familias conservadoras de la época y fue motivo para encaminarlo al seminario pero finalmente terminó estudiando la carrera de jurisprudencia en el Colegio de San Nicolás de la ciudad de Morelia, hoy la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Finalizando sus estudios regresó a su natal Zinapécuaro y contrajo matrimonio en diferentes momentos de su vida con tres mujeres, una de ellas fue Adela Castro, hija de un hombre adinerado del lugar llamado Rosalío. Su casona de fachada sobria y con varios balcones exteriores se ubicó en una de las manzanas contiguas al Templo Ex Convento franciscano de San Pedro y San Pablo, y vecina de la Capilla de María Auxiliadora. Hoy en día la casona conserva su fachada original, amplios corredores con pilares de piedra, tapices afrancesados y su techo de viguería con ladrillos, misma que en sus espacios alberga las seis salas que conforman el museo.

En una de las salas se encuentra el “Gabinete Urania”, llamado así por Felipe  Rivera en honor a la musa del universo Urania, ahí tenía su despacho y actualmente se conserva un telescopio Altazimut que fue obsequio del Colegio de San Nicolás y el Gobierno del Estado de Michoacán, por haber descubierto la noche del domingo 24 de febrero de 1901 el nacimiento de una estrella en la constelación de Perseo, misma que le dio por nombre “Nova Persei”. Este hallazgo se dio a conocer a nivel internacional y con ello el astrónomo aficionado fue reconocido por la Sociedad Astronómica de Francia y posteriormente a raíz del descubrimiento, fue uno de los fundadores de la Sociedad Astronómica de México en 1902 y fungió como presidente de la primer mesa de dicha sociedad.  En esta sala también podemos apreciar la viguería que tiene plasmada al sistema solar con las órbitas de los planteas que lo conforman.

Otra de las salas resguarda el piano con teclas de marfil de Adela su esposa, varias partituras de sus piezas musicales favoritas cuyos autores son Mozart, Francesco Giuseppe Verdi, Domenico Donizetti, entre otros clásicos italianos. También es importante mencionar su vasta colección bibliográfica y hemerográfica destacando temas sobre astronomía, geografía, aritmética, historia universal, historia de México, música, modas, medicina, idiomas como el francés, alemán, latín y gramática española, entre otros libros. Y hablando de modas una fotografía que aquí se exhibe nos recuerda los famosos vestidos “cintura de avispa” que se usaron en la Bella Época así como amplios sombreros con telas y guantes largos que denotaban el nivel social, imágenes frías inexpresivas que exaltaban a las féminas su virtud, decencia y abnegación.

Otra pieza de exhibición es la cocina en donde podemos apreciar un refrigerador que aún no utilizaba la luz eléctrica, un fogón, un torno por donde pasaban los platillos de la cocina al comedor y una vajilla de porcelana que le fue obsequiada a la familia por un amigo de Francia. Cabe mencionar que los muros de las cocinas eran muy anchos, lo que permitía conservar la comida y a las carnes les ponían alcohol, rodajas de cebolla y ramas de perejil para que no se pudrieran, así duraban 9 días en estado de conservación.

Sin decir más, este histórico espacio nos permite viajar hacia el asombroso pasado Porfiriano que se impregnó en cada rincón de la casona, entre objetos, decoración y la arquitectura, muchas fotografías nos narran el pasado zinapecuarense a través de este asombroso personaje quien fue el máximo exponente de la cultura en aquel entonces, teniendo innumerables méritos que no terminaría de mencionar en estas líneas y siendo motivo para invitarlos a que conozcan el museo de Zinapécuaro, la casa del Licenciado Felipe Rivera.

 

 

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