Acámbaro: las remembranzas de su pasado y motivos de su orgullo.

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Queridos lectores, en esta ocasión les hablaré un poco sobre Acámbaro, Guanajuato, recordando momentos de mi infancia envueltos entre sabores y aromas, pues por décadas este lugar fue nuestro centro mercantil para los ucarenses, y aterrizando hasta la actualidad, mis visitas siempre han sido placenteras y amenas pues el trato de los acambarenses es tan característico, es gente de trabajo, noble, emprendedora y orgullosa de su legado histórico, recordando cuatro momentos principalmente, su  pasado prehispánico, la época conventual, la lucha por la Independencia de México y el pasado ferrocarrilero.

Primeramente les hablaré un poco sobre la situación geográfica de esta hermosa ciudad colonial, la cual está insertada en el sureste del Estado de Guanajuato en el espacio geográfico denominado “Bajío guanajuatense”, perteneciendo al municipio que lleva su mismo nombre, por sus tierras atraviesa de este a oeste el Río Lerma, desprendiéndose los arroyos de El Oyamel, Nacional, Tarandacuao, La Luna, Sanguijuela, San Antonio y Rancho Viejo. Muy cercana a la ciudad está la Presa Solís. Se circunscribe en la región de los Valles Abajeños, sobresaliente zona montañosa por la Sierra de los Agustinos. Las elevaciones destacadas son el Cerro del Toro, San Andrés, San Miguel, Cerro Ancho, Cerro Gordo, Las Mujeres, Prieto y el de La Cruz donde se asienta la ciudad por el lado de sus faldas. Hacia el sur es vecino con la Sierra de Ucareo, cuyos manantiales que bajan de esa zona alimentan sus campos.

 

En cuanto a su centro histórico, las pocas construcciones que han sobrevivido con el paso del tiempo presentan fachadas de la época del auge ferrocarrilero, destacando la ornamentación por delgados ladrillos en pilares, cornisas y marcos de puertas y ventanas. Sobresale el templo del Hospital de estilo plateresco, la parroquia de San Francisco de estilo barroco, el acueducto y unas capillas que tenían la finalidad de representar el Viacrucis de Jesús. Aquí resulta interesante lo ocurrido a finales del silgo XVIII después de la creación de la Academia de San Carlos. Ese momento fue cuando se introduce el estilo neoclásico en la todavía Nueva España, pero que se va expandiendo para principios del siglo XIX. Se sustituyeron portadas de templos y edificios, retablos barrocos en los templos, llegando inclusive a quemarse y destruirse desafortunadamente a consecuencia de la política que lo ordenaba auspiciada por Antonio Ponz. También se destruyeron sillerías de los coros, se retiraron los sepulcros de los interiores de los templos y ya las nuevas obras debían tener este estilo. En Acámbaro muy pocas construcciones conservan el estilo neoclásico como el Santuario de Guadalupe con un pórtico o nártex sotocoro en la fachada, misma que culmina en forma de torre centrada, diseño de un hijo de españoles llamado Francisco Eduardo Tresguerras. Las pinturas que resguarda en su interior que son de sumo interés se realizaron ya en el siglo XX por el pintor Pedro Cruz, mismas que relatan la conquista espiritual con las apariciones de la Virgen de Guadalupe.

Dos momento destacables en la historia de Acámbaro fueron los que se dieron el 22 de octubre de 1810, con el paso del Cura Miguel Hidalgo con un magno desfile militar y otro  que se dio con el cólera morbus que atacó a los pobladores en 1850 y la supuesta “descomposición social y ausencia de la fe católica”, llegando así la imagen italiana de la Virgen del Refugio de los Pecadores, donde se le promete la construcción de un templo, obra que es suspendida durante el gobierno del Presidente Benito Juárez, pero por los milagros y favores otorgados de la Virgen del Refugio a decir de los acambarenses de esa época, es nombrada como patrona de la ciudad en 1873. El templo que se había comenzado a construir está adjunto al templo de San Francisco, probablemente siguiendo los lineamientos de la época para su estilo.

Es recomendable pasearse por sus calles, para apreciar su pasado plasmado en cada rincón, como su acueducto, de los primeros en la Nueva España, su fuente taurina,  el Ex Convento franciscano con su suntuoso patio central bellamente decorado por una fuente. Dignos de ser visitados son el Museo del Ferrocarril, en donde se construyó a “la Josefinita”, el Museo Local para admirar a la cultura Chupícuaro, el Museo Waldemar Julsrud, el puente de piedra que cruza al río Lerma. En su portal ubicado a espaldas del Santuario Guadalupano se puede disfrutar de un buen café o una nieve en “el Chantillí”, lugar que no podemos perdernos para visitar, pues es un rincón muy tradicional para los acambarenses amantes de las artes y las letras. Por último es imperdonable no adquirir su tradicional pan, entre los que destacan las famosas “acambaritas”, por lo cual en su próxima visita al Estado de Guanajuato no se olviden visitar esta bella y pacífica ciudad con la cual “nació Guanajuato”, lema que nos da la bienvenida.

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